Ayer fui a la FNAC y me compré tres discos de James Taylor, de esos que tenía en vinilo y no escuchaba hacía mil años. Hay que ver el poder evocador de la música: en menos de un minuto era yo a los veinticinco, con melena y toda la noche para mí. Cuando yo era joven, escuchaba los discos de James Taylor y leía poesías de Alfons Cervera. No sé por qué, pero siempre he vinculado a Alfons Cervera con James Taylor. Hasta creo que se parecen físicamente.
Años más tarde conocí a Alfons Cervera. Le gustó una novelita que escribí (se llamaba Floppy Disk) y bosquejó un inolvidable prólogo. “La historia hermosa que les cuento empieza al volver la esquina de esta página. La vida, no lo sé. No lo sé, de verdad. Ni me interesa”. Así acababa su prólogo. Y yo me acordé de un poema en prosa de Alfons que se titulaba Barcos de papel. “No busco en las rayas profundas del recuerdo la brújula. Así me siento: pequeño como el último jueves donde quedaron abandonados libros y teoremas ya ves inconsecuentes. Pero no me derribes antes de que el mar empuje hasta tu playa mi mensaje: las gaviotas del amanecer cantan cada día tu nombre en mi naufragio”. Lo leí ayer, mientras escuchaba una canción de James Taylor. Al igual que hace ya tantos años.
you tube=[http://www.youtube.com/watch?v=MpAC9YHU5ts]

A decir de algún lingüista, el punto y coma es el signo de uso más arbitrario y, por ello, el de uso más difícil. Basta repasar cualquier escrito para darse cuenta de que es un recurso posible, pero nunca imprescindible. De igual forma, este diario de bitácora o blog pretende ser un recurso posible (pero nunca imprescindible) para ayudarte a conocer más y usar mejor los signos de puntuación. Algunos de mis alumnos ya conocían mi antiguo blog, que nació con el mismo propósito, pero que luego derivó hacia otros lugares.