Cuando estuvimos en Praga, algunos restaurantes te ofrecían como aperitivo una bebida que se llamaba Becherovka. Decían que era digestiva. Como todo buen consumidor, me traje un par de botellas de Becherovka para seguir disfrutando del sabor y del viaje aquí en España.
El otro día, que estaba solo en casa, me serví una copita del brebaje y me di cuenta de que había cogido un puntito. Descubrí entonces que, más allá de su poder tonificante y digestivo, el Becherovka confiere a quien lo toma cierta euforia para seguir comiendo y bebiendo tan ricamente.
Y luego, claro, viene la cuenta.
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